una película de terror a la luz del día

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Como lo hizo con su primer largometraje  Hereditary (2018), el director Ali Aster trae con su nuevo filme Midsommar (2019) una historia de terror enfocado en los detalles. Una película que no es bien digerida por todos, en especial por aquellos que esperan recibir una carga de sustos que les provoquen un par de gritos. Midsommar no está hecha para espantar sino para incomodar, y lo hace desde la perspectiva de conocer al otro, de acercarnos a costumbres desconocidas, a juzgar lo que nos parece extraño, aunque desde el otro lado del vidrio seamos nosotros los extraños. De allí que la primera recomendación antes de iniciar este viaje de la mano de Dani, interpretada por Florence Pugh ( Lady Macbeth – 2016) y Christian, rol de Jack Reynor ( Mowgli – 2018) protagonistas de la cinta, quienes junto a tres amigos deciden visitar una apartada y desconocida comunidad de Suecia, es estar dispuestos a conocer la cultura que nos presenta Alistar.
En este aparente paradisíaco lugar son precisamente las costumbres las que juegan el papel de monstruo, no porque sean sanguinarias (no todas por lo menos), sino que como todo miedo se alimenta de lo desconocido. Desde el primer paso que dan los protagonistas dentro de esta comunidad lo hacen a ciegas, y al igual que el espectador, carecen de conocimientos previos para poder anticipar los acontecimientos. He allí la constante intranquilidad con la que juega el filme. Con el tiempo los visitantes solo saben que algo está mal, ya demasiado tarde para escapar, ya demasiado tarde para distinguir si el error está en la comunidad o en ellos mismos. Y es que en cierta forma Aster lo único que hace es repetir la fórmula que otros directos hicieron como  M. Night Shyamalan en The Visitit (2015), crear un reflejo de la sociedad «conocida» y ponerla en otro contexto. A nadie le parece extraño que en una mesa no se empiece a comer si la reina Isabel II no ha empezado, nadie cuestiona que algunos libros religiosos se le agreguen, quiten o cambien cosas a medida que las ediciones van pasando, o lo que es más relevante, parece que hemos normalizado el tema de los suicidios.  Con lo dicho no está de más aclarar que Ali Aster no presenta necesariamente el más original de los guiones, ya que esta película podría fácilmente pasar por una moderna versión de  The Wicker Man (1973), tampoco es precisamente superior a su predecesora  Hereditary, ni sus personajes escapan de los clichés, pero funciona, y lo hace porque se nota, la mano del director en cada cuadro, en su sobresaliente paleta de colores, y en su bien logrado contexto que ya de por sí cuenta una historia. Aster vuelve a juguetear con el gore pero sin que sea una marca continua, como sería en filmes como Hostel (2005), lo utiliza de manera justa y en momentos precisos. También parece inclinarse porque la apertura de sus filmes sean la pérdida y el dolor (Para quien vio Hereditary seguro le es imposible olvidar los gritos de Toni Collete ( Little Miss Sunshine – 2006), algo que juega un papel primordial para llegar a entender esta película. A grandes señas Midsommar es un filme sobre lo que es la familia y qué tan relacionada está con la sociedad. Sobre lo que consideramos tabú en otros, pero normalizamos siempre y cuando sea bajo nuestras normas. Sobre la indiferencia y lo que terriblemente consideramos normal. Sobre la unidad y las formas de entender la vida. Sobre monstruos que asesinan de golpe y otros que dejan morir de a poco.

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