La mucama que le hace la cama a Trump es una inmigrante indocumentada

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Por más de cinco años, Victorina Morales le hizo la cama a Donald Trump, le limpió el baño e incluso le quitó el polvo a sus trofeos deportivos en el club de golf que el millonario y ahora presidente posee en Bedminster (Nueva Jersey). Por su “sobresaliente” labor durante las visitas del mandatario a esas instalaciones, en julio la Casa Blanca le entregó a Morales un certificado de reconocimiento, según reporta el diario The New York Times, que añade un dato más: Morales es una inmigrante indocumentada.
La mujer dejó Guatemala, donde cultivaba maíz, y cruzó la frontera ilegalmente en 1999, según relata, a pesar de que apenas sabía una palabra de inglés. En 2013 fue contratada en la hacienda de Trump, según admite, usando documentación falsificada. Le pagaban 10 dólares la hora. Y no es la única en esa situación: Sandra Díaz, costarricense de 46 años, también trabajó de 2010 a 2013 cuando era aún indocumentada (ya ha regularizado su situación), según el citado diario.
Las dos mujeres añaden que son varios más los trabajadores de mantenimiento, jardinería y faenas domésticas que están ilegalmente en el país; y añaden que al menos dos supervisores del club lo sabían y les ayudaron a mantener el empleo.
El presidente presumió durante la campaña electoral de 2016, que le llevó a la Casa Blanca, de no contratar a inmigrantes indocumentados; su política, de hecho, ha sido dificultar al máximo la vida a inmigrantes, legales o indocumentados. Pese a ello, algunas de sus instalaciones contratan regularmente a trabajadores extranjeros usando los mismos visados que él se afana en recortar.  No hay ninguna prueba, en cualquier caso, de que supiera de la situación ilegal de Morales o cualquier otro trabajador indocumentado en su club.
“Nunca imaginé, como una inmigrante del campo guatemalteco, que vería a tanta gente importante de cerca”, ha indicado al citado diario Morales, que limpiaba la villa del presidente mientras éste veía la televisión no muy lejos, o figuraba en segundo plano cuando se reunía con su jefe de gabinete, John Kelly.
Pero sí se reconoce cansada de las descalificaciones de Trump hacia los inmigrantes: “Estamos cansados del abuso, los insultos, de la manera en que habla de nosotros cuando sabe que le estamos ayudando a ganar dinero”. “Sudamos para satisfacer cada una de sus necesidades, y nos tiene que someter a estas humillaciones”, añade. La Casa Blanca no ha hecho comentarios.
 


 


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