Hoy por hoy

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No es fácil, pero es la única manera. Todos tenemos un rol para evitar la propagación de la pandemia. La nuestra es la parte fácil -quedarnos en casa-, si consideramos los riesgos de contagio del personal sanitario y todo aquel que es necesario en los servicios que presta por su importancia para el resto de la sociedad: farmacias, supermercados, estaciones de gasolina, etc. En esos lugares se arriesga la vida. Pero algunos siguen sin escuchar: ya sabemos el riesgo de terminar en una sala de cuidados intensivos; el riesgo de que no haya camas en esas salas, pero la actitud es de poco importa en muchos casos. Ahora a todo esto se suman los intentos de saqueos; de sembrar el caos; de imponer la ley del más fuerte, cuando la razón nos obliga a ser civilizados, a mantener la calma. Todos esperamos que estos sean movimientos aislados, espontáneos, que no responden a planes elaborados por desalmados que buscan desestabilizar el país, su economía y destruir el orden que nos permitiría salir de esta crisis. Si hay caos, todos perderemos, incluso los que intentan pescar en río revuelto. Este es un país pequeño, en el que todo se sabe, tarde o temprano.

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