Hoy por hoy

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Una de nuestras periodistas –que ha estado informando sobre las vacunaciones clandestinas y las VIP– ha sido amenazada por desconocidos que se dan a la cobarde tarea de llamar por teléfono para advertirle que “cuide su vida”. Estas amenazas surgen, justamente, tras las publicaciones que hizo la reportera sobre el abusivo uso de vacunas. Y esta es la consecuencia de tener gobiernos con aires de absolutismo, cuyos funcionarios –y exfuncionarios– creen estar por encima de la ley y de sus conciudadanos, que dan margen para que individuos como estos recurran a las viejas –pero no olvidadas– prácticas de gorilas: la intimidación, con el afán de lograr la autocensura. Ciertas o falsas, estas amenazas no nos la tomamos a la ligera, pues marcan el principio de conductas que buscan el amedrentamiento, perjudicando la libertad de expresión. Primero, la de un periodista; luego, la de todos los panameños. Es increíble que hayamos llegado a este punto, en el que la intolerancia es la nueva tendencia en nuestra sociedad. Pero que no nos sorprenda: basta escuchar los discursos de odio y las campañas de descrédito de algunos políticos contra medios y comunicadores. Solo era cuestión de tiempo que llegaran las amenazas contra sus vidas.

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