‘Entre pesadilla y pesadilla, uno va olvidando’: Simón Burstein

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¿Cómo era su vida antes del Holocausto?Yo nací en Polonia. Había antisemitismo, como en casi todo el mundo. Con el Kristallnacht, que empezó en 1933, agarraron a todos los científicos, médicos y profesionales judíos, y o los mataban o los mandaban a los campos. Ese antisemitismo se expandió por todo el mundo. Llegó fuerte a Francia, a Alemania y a Polonia. Ahí llegaron a hacer los mayores campos de concentración.¿Por qué?Porque pensaron que los polacos, especialmente los del interior, que eran los más ignorantes, o iban a apoyarlos o no iban a decir nada. Y así fue.¿Cómo fue su familia capturada?Vivíamos en el gueto de Chejanowietz; entraron los nazis y empezó a caer gente por todos lados. Nosotros logramos huir y escondernos en el bosque: mi mamá, dos tíos, una tía y yo.¿Qué hicieron?Mi tío habló de escondernos en un henal. Mi mamá, que soñaba cosas y luego pasaban, le dijo que no, y fuimos a otro lado. En el camino vimos el henal quemarse con muchos judíos adentro.¿Dónde fueron?Mis tíos conocían la zona porque tenían dos molinos. Eso era una ventaja, pero también una gran desventaja, porque era peligroso pedir ayuda: inmediatamente delataban. Los alemanes estaban en todos lados. Corrimos, llegamos a un río y mis tíos aprovecharon una cavidad hecha por topos para hacer una zanja. Ahí estuvimos varios días. Era cerca del poblado, así que como teníamos miedo de ser descubiertos, íbamos cambiando de escondite. Seis veces cambiamos. De esa manera sobrevivimos casi toda la guerra.¿Cuándo tuvo más miedo?Una vez estábamos en una cueva y todos dormían, menos yo. De repente veo una mano, ahí adentro, buscando judíos. A centímetros de nosotros. Yo tenía tres años y lo recuerdo. No sé cómo no nos descubrió. Ese día cambiamos de escondite. Desde ahí vimos cómo metieron una granada donde estábamos y la volaron. No importa lo que era, ellos primero disparaban o metían granadas.Y, ¿su papá?A principios de la guerra se fue a luchar contra los partisanos. Se escondían en cabañas en el boque, y los agarraron los nazis. Dicen que los quemaron vivos. Solo escapó uno, que fue el que dio aviso.¿Dónde más se escondieron?En una porqueriza, donde guardaban los desperdicios para los puercos.¿Por qué cree que usted sobrevivió cuando tantos otros murieron?El sentido de sobrevivencia era muy grande. Tan grande, que nadie en mi familia sabe por qué yo no lloraba, aún teniendo tres años. Yo no lloraba. Nunca he llorado. Siempre con hambre, con sed, sin poder caminar… pero nunca lloré. Por eso sobreviví. Yo estaba supuesto a ser una carga, pero no lo era porque no lloraba. Nadie se explica.¿Nunca lloró?Una vez, al principio, lloré porque estaba enfermo y uno de los que estaba en el hueco dijo que había que matarme porque si no los iban a descubrir. Pero mi mamá soñaba cuando iban a venir los nazis y antes de que pasara se iban… Y les dijo: “Si lo matan, nunca más les vuelvo a decir cuándo están por venir a descubrirnos”. No me mataron por eso. Y no lloré más.¿Qué comían?Mis tíos robaban comida… y dos veces fueron donde un exempleado de la familia, que nos dio papas, un vestido de su niña para mí y grasa de puerco. Yo estaba mal. Con eso sobreviví. Con eso y con los charcos de agua llenos de gusanos que nos encontrábamos cuando abríamos los escondites. Era lo que había… Uno siempre recibe antídotos naturales cuando está en aprietos. Es inimaginable con cuán poca comida el ser humano sobrevive.¿Supieron luego del exempleado?La segunda vez que mis tíos le fueron a pedir comida, el tipo no podía creer que seguíamos vivos. Les contó que un día después de la primera visita, llegó a su casa una tropa de alemanes a buscar judíos. Alguien les había soplado… Se quedaron dos semanas esperándonos. Dos días después de irse, mis tíos llegaron otra vez. Les dio algo y les dijo que no volvieran.Fuera de su papá, ¿a quiénes perdió?Sobrevivieron tres hermanas de mi papá. Por miedo a ser descubiertos por el llanto de sus hijos, muchos padres los dejaban donde no judíos. A veces los criaban, a veces los mataban. A mi tío y a mi primo los mataron. Mis primas vivieron.¿Qué secuelas quedan en usted?Pesadillas. Trato de no pensar en eso, pues vuelven los recuerdos. Mi mamá a veces se despertaba de noche y daba gritos de horror. Pero lo que Dios hizo muy bien es el olvido: uno va olvidando. Entre pesadilla y pesadilla uno va olvidando.¿Se preguntó dónde estaba Dios?Dónde no. Por qué, me preguntaba. Llegué a la conclusión de que Dios nos puso en la tierra y nos abandonó… nos dejó de lado. Algún día se acordaría de nosotros… Pero no dudo de su existencia.¿Llegó a perder la esperanza de ser rescatado, o siempre la mantuvo?La esperanza es lo último en morir. Las fuerzas llegan: no sé de dónde, pero llegan. No hay cinco sentidos: son más.Hay muchas películas y libros sobre el holocausto. ¿Cuál lo refleja mejor?Mi esposa no me deja ver películas del Holocausto. Pero el que encuentre más horroroso, ese es el verídico.¿Qué hicieron después de la guerra?Volvimos a casa, en Chejanowietz. Todo estaba tirado y los molinos, destruidos. Mis tíos lograron poner a funcionar uno. Dos semanas después, vino un mendigo y nos dijo que nos fuéramos, que las pandillas de campesinos que estaban matando judíos para quedarse con sus fincas venían por nosotros. Entonces, huimos en un camión a Bialystok. En nuestra casa se quedó una pareja de jóvenes que nos habían pedido albergue. No le creyeron al mendigo y los mataron.Y, ¿luego de Bialystok?Estuvimos dos años en Alemania como refugiados, esperando visa para Estados Unidos. Pero demoró y nos fuimos, ya con el nuevo esposo de mi mamá, a Bolivia. Ahí vivimos hasta 1968, sobreviviendo a punta de comprar y vender cosas.¿Por qué se fueron?Por las revoluciones. Vi como murieron 5 mil personas, vi los cuerpos tirados en el patio del Hospital General. Colgaron a seis presidentes. Era una locura. Así que migramos a Brasil. Pero no duramos mucho y volvimos a Bolivia.Y luego se mudaron a Panamá…Sí, porque se podía importar mercancía a Bolivia. Abrí una joyería pequeña y luego otra, hasta que con [Manuel Antonio] Noriega acabaron con nuestros negocios. Ahí me rendí y fui a trabajar a la Zona Libre de Colón.¿Ha sentido discriminación aquí?Hubo un tiempo que sí; ya no. Siempre hay quienes necesitan una excusa para exteriorizar su rabia. Ahora la excusa son los venezolanos y los colombianos.¿Qué le diría hoy día a un guardia nazi si lo tuviera al frente?No sé. Dios sabe lo que hizo cuando creó el olvido. En Bolivia yo tomaba café en el mismo lugar que Klaus Barbie, el carnicero de Lion. Siempre andaba con guardaespaldas. Murió solo en la cárcel.¿Los perdona?No. Nunca. Eso no era una guerra… mataron gente inocente.¿Conoció o supo de algún guardia u oficial nazi que trató de ayudarlos o mostró empatía hacia ustedes, o todos eran igual de malos?Ninguno. Eso era un contagio general.¿Qué los convirtió en asesinos?Un motivo. Cuando subió Hitler, Alemania estaba quebrada. El motivo: los judíos.¿Piensa que el hombre es malo y corrompe su entorno, o que el hombre nace bueno y el entorno lo corrompe?Nace bueno y el entorno lo corrompe.¿Siente odio por los alemanes hoy?Sí. Y se me despierta cada vez más con el odio que [la canciller alemana, Angela] Merkel está dejando crecer.Los alemanes cometieron atrocidades en Namibia a inicios del siglo XX y en la Primera Guerra Mundial… ¿Ellos son especialmente malos o cualquier otro pueblo hubiera hecho lo mismo?Cualquier otro pueblo, creo. Cuando en Francia Klaus Barbie pidió que le consiguieran a 200 niños para llevarlos a Auschwitz, le consiguieron 500.Si usted hubiese sido juez en los juicios de Nuremberg, ¿qué condena le hubiera dado a los culpables?Muerte. Inclusive con tortura.¿Cuál ha sido el aspecto de su vida que más cambió luego de su experiencia?Paranoia, desconfianza, secuelas psicológicas y físicas. Salí de la guerra sin fuerzas: tuve que volver a aprender a caminar. Y nunca boto comida. Lo que hay es lo que se come.¿Compra productos alemanes?No. Nunca.Después del Holocausto se pensó que un evento así no volvería a ocurrir. Sin embargo, se han dado genocidios a menor escala (Balcanes, Darfur, Myanmar). ¿Qué piensa sobre eso?A eso le temo mucho. Eso es gente a la que le han sembrado rabia desde la infancia. Desde los dos años les enseñan a odiar. La juventud tiene que despertar, porque puede costarle caro. El judío alemán nunca creyó que le pasaría algo. Hay que leer, educarse, protegerse y no dejar que las cosas avancen.¿En qué se parece el mundo hoy a la época de la II Guerra Mundial?El antisemitismo está resurgiendo.¿Los movimientos neonazis actuales son por maldad, ignorancia o ambos? Ignorancia que atrae la maldad. O maldad que atrae la ignorancia.¿Qué le respondería a los que niegan el Holocausto?¿Cómo van a negarlo? Está. Físicamente está. Yo estoy… estamos. Pero apuestan a que nos muramos para que también se mueran las pruebas.¿Qué siente cuando ve una suástica? Aunque hay gente que no sabe lo que significa o que lo pinta porque es cool, me da mucha rabia.¿Se hubiera podido hacer algo para evitar el Holocausto?Mucho, pero no se hizo. Cuando Arthur Chamberlain, en Inglaterra, fue a firmar con Hitler la partición de Checoslovaquia, un grupo de judíos le pidió dejarlos ir a Israel porque ahí estaban masacrando judíos. Y no lo hizo. El barco que Hitler mandó por el mundo, nadie lo aceptó…¿Habla con sus hijos del tema?A veces, pero no les gusta mucho escuchar cosas tétricas. Yo los entiendo. Quieren ser más felices… Está bien. Y no son solo mis hijos, pasa igual con los hijos y nietos de otros sobrevivientes.¿Se siente una persona feliz?Cualquier persona que haya pasado por el Holocausto y haya visto tantas muertes y dolor alrededor, no es feliz. Puedo reírme, pero no sentirme feliz. El olvido ayuda y la muerte también.¿A qué le teme?Ya ni a la muerte.¿Qué mensaje quiere dejar?Que debe haber preocupación, no indolencia, porque esto está volviendo. No sé en qué medida, pero ya empezó.

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