Bendita conjugación sexual | Blog Mordiscos y tacones

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La otra noche oí sin querer a una mujer quejarse a sus amigas de que se veía mayor. A sus cuarenta y cuatro años se le ha retirado la regla. La mujer trataba de encajar el golpe hormonal, costándole quererse. Demasiados usan “menopáusica” como insulto demoledor que implica ser vieja y no deseada, y ella misma exponía idénticos argumentos. Durante décadas escuchamos la famosa frase de “cambio esposa de cincuenta por dos de veinticinco”. Asumimos que, de verdad, nos cambiaran cuando se nos pasaba la edad de que nos desearan. Llevamos con mucha dignidad ser objeto de uso, disfrute y recambio cuando encartara. Que yo recuerde, pocas como Angelina Jolie han dicho que bienvenida sea la menopausia, aunque si en tu cama tienes a un Brad Pitt enamorado (lo dijo cuando, parece, aún estaban juntos) la menopausia no da ningún miedo. Yo -ya se lo he contado hace tiempo- elijo envejecer como la que se lo hacía con Humprey Bogart.
Si el sexo es un tema delicado, imaginen si me empeño en hablar de sexo menopáusico. Y, sin embargo, la sexualidad es el mejor remedio. El Dr. Nicolás Mendoza Ladrón de Guevara, presidente de la Asociación Española para el Estudio de la Menopausia, sostiene que el mejor antídoto para la menopausia es el sexo, y también admite que, mientras a un varón se le presupone la carga erótica de su excitación para recuperaciones prostáticas, a la mujer jamás se la enseña que la sexualidad forme parte de su bienestar, ni siquiera con el cáncer de por medio. Sin embargo, el sexo es uno de los mejores tratamientos para cualquier momento, incluyendo la menopausia: “Al tener relaciones sexuales, la lubricación de la vagina se produce sin tratamiento médico ni recurso adicional. Las propias relaciones sexuales favorecen la adecuación de la vagina para recibir más sexo. La que tenía cuatro relaciones sexuales a la semana antes de que se le retirara el período es probable que tenga la misma frecuencia cuando alcance la menopausia. Porque además, se sentirá mucho mejor”.
Con estas, pongámonos en el mercado.

A la menopausia deberíamos sumarle la obligación de conjugar sexualmente el verbo elegir. La falta de progesterona y estrógenos se debe de llevar mucho mejor cuando en tu cama tienes cuarto y mitad de lo que quieras. Pero cultural y socialmente se nos ha condenado a aceptar que se nos cambiara por dos de veinticinco mollares. Ojalá lo de que aún fueran menstruantes se acompañara con tener sexo con ellas cuando tuvieran la regla; pero no sé ustedes, de mis amantes, puedo contar con los dedos de una mano los tíos que no pusieron pegas a que yo ensuciara sus sábanas.
Afortunadamente, la edad me enseñó también a mandar a la mierda a los que pusieran cara de asco, eligiendo solo a los que les importa un bledo. Las mujeres también cambian a uno de cincuenta por dos de veinticinco; para muchas, la inteligencia no es lo suficientemente sexi por sí sola. Otra cosa es que se acepte. Esa inteligencia como motor seductor tampoco convence a muchos hombres, pero a ellos sí se les permite conjugar sexualmente los verbos. ¿Cuántos hombres conocen con mujeres mucho más jóvenes? Bienaventuradas las premenopáusicas, menopáusicas y postmenopáusicas que exhiben sus aventuras con amantes más jóvenes, porque de ellas será el reino de los cielos. Las quiero solo por conjugar sexualmente los verbos como cualquier hombre. Aprender a elegir. Decidir el sudor que quieres lamer.
Otro verbo interesante es repetir. Cómo se vuelve a unos brazos que un día dejaron de abrazarte o al empuje que un día declinaste. Por qué vuelves a acostarte con alguien a quien hace años que no ves, pero a quien te cruzas en cualquiera de sus posibilidades: calle, redes sociales o eventos varios. Los especialistas recomiendan alejarse de los amantes con los que se rompe, pero, ¿y si ya no estás enamorada? ¿Y si la cuestión es puramente sexual? No es difícil ser mi amante, lo jodido es que repita.
Elegir, mi verbo favorito. Cuanto más lo conjugo más poderosa me siento.

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