Así es la exitosa empresa detrás de los jamones y embutidos de Mercadona

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Imagen de una de las instalaciones de Incarlopsa, empresa que suministra los jamones de Mercadona.
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El gigante del sector de alimentación en España, Mercadona, ha crecido a un ritmo vertiginoso, como muchas de las empresas que trabajan con ella. Uno de los casos más exitosos es el del proveedor de jamones y embutidos: Incarlopsa, una empresa con sede en Tarancón (Cuenca). Su presidente, Clemente Loriente, revela los detalles de esta compañía en una entrevista para los medios locales del grupo Prensa Ibérica.

La relación entre Incarlopsa y Mercadona tiene 23 años de antigüedad. Fueron proveedores en exclusiva de la cadena dirigida por Juan Roig, pero ésta ha cambiado su política de contratos e Incarlopsa sigue funcionando con independencia, dando el salto al mercado internacional. En la actualidad, Incarlopsa factura 742 millones de euros, tiene presencia en 43 mercados, cuenta con 1.800 empleados en sus nueve plantas (Tarancón, Jabugo, Guijuelo, Corral de Almaguer y Olías del Rey) y cada día sacrifican 9.000 cerdos, unos dos millones al año, sin contar con los 1.000 ibéricos diarios que matan.
Clemente Loriente explica que uno de sus secretos es que todos sus jamones saben igual: «Nosotros, de forma indolora, castramos a los machos a los dos días de nacimiento. Cuando crecen, como machos que son, quieren montar a las hembras, se pelean y se muerden, tienen mucha más actividad y, si no lo hacemos, su carne es más exudativa y, por tanto, más dura de comer. Las hembras están más reposadas, engrasan más y su carne tiene mayor terneza (…) Entonces los fundadores decidieron castrar a los machos desde el primer momento. Con lo cual, el comportamiento y el desarrollo de la vida de macho y hembra es muy similar y, de ese modo, organolépticamente, todos nuestros cerdos son iguales».

Loriente explica que «Mercadona llegó a suponer el 92% de nuestra facturación (…) Gracias a su gran exigencia, hemos mejorado muchísimo nuestros procesos y sobre todo la salud alimentaria y la calidad». Asegura no tener miedo a que el día de mañana esa relación se rompa: «Nos da respeto, pero no seríamos lo que somos sin Mercadona. ¿Qué hubiera ocurrido en la crisis, cuando tantas empresas han cerrado? El paso del tiempo nos ha demostrado que el señor Roig tiene palabra, ha respetado los acuerdos. Ahora, ha decidido abrir el abanico de proveedores. Si eres especialista en un producto, te quedas y, si hay otro, entra también. Pero, al tiempo, te permite exportar y hacer otras cosas en España. ¿Veo riesgos? Como siempre, pero también oportunidades. Mercadona abre el abanico y eso significa que otros van a entrar en mi categoría, pero también voy a poder entrar yo en las de otros. Lo que tengo que hacer es ser el mejor en lo que hago. Somos fieles a ellos al cien por cien, pero estamos evolucionando».
El presidente de Incarlopsa define la relación con la cadena valenciana como «muy intensa». «No se limitan a que les hagas un producto y se lo envíen. Estudian qué hacemos para mejorar y que el cliente esté cada vez más satisfecho. Visitan nuestras fábricas, tomamos decisiones juntos, miramos cómo optimizar procesos, cómo mejorar productos o cómo ahorrar costes. Si hay mejoras, las eficiencias no van al margen empresarial, las aplican directamente al precio. Y esa es una parte también de su éxito. Tienen una mentalidad tan abierta que se replantean todo. Hay cosas que, si no hubiera sido por ellos, ni las habríamos pensado».
Sus miras ahora están en el mercado internacional, ya que «estábamos muy centrados aquí, porque Mercadona ha estado creciendo entre 60 y 80 puntos de venta al año». «Estamos intentando vender en Japón y Corea del sur con socios locales, en Filipinas, África, por supuesto en Europa y estamos esperando homologarnos para China, el gran comprador mundial», explica.

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