“Antes me ponía el ventilador para dormir, ahora no voy a poder”

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El verano en Cubellas, la última localidad costera de la provincia de Barcelona antes de llegar a Tarragona, es tórrido y seco y la sensación de calor puede volverse asfixiante debido a la humedad.

Mari Carmen, de 52 años, empezó a sentir un mareo en uno de estos días de canícula el año pasado. Desempleada desde hacía tres años, sobrevivía con una pensión de incapacidad que apenas superaba los 500 euros, por lo que había decidido dejar de usar el aire acondicionado. Su único ventilador se había estropeado.El mareo no remitió y acabó cayendo al suelo. Pudo llamar a emergencias y los sanitarios, a pesar de administrarle suero, no lograron estabilizarla. Tuvo que ser trasladada a un hospital por deshidratación aguda, una alteración que puede acabar en fallecimiento.”Pensaba que este año podría poner el aire aunque fuera en las hora más baratas, pero ahora me da mucho miedo por la factura que pueda llegar”, explica Mari Carmen, que contaba con una tarifa de discriminación horaria, que le permitía pagar mucho menos entre las 23h y las 13h del día siguiente. Con la nueva tarifa que entró en vigor para todos los usuarios el pasado 1 de junio, las horas valle son solo de 12 de la noche a 8 de la mañana.Una subida de entre 24 y 46 euros anuales”Nadie debería vivir en una temperatura indigna en su casa por culpa de estos nuevos peajes”, declara María Campuzano, portavoz de la plataforma Alianza contra la Pobreza Energética (APE). “Las familias que están en situación de pobreza energética y sí que estaban informadas y estaban teniendo un consumo consciente con la antigua discriminación horaria seguro que van a verse penalizadas con subidas en su factura de la luz”.

A pesar de que la intención declarada del Gobierno con esta nueva tarifa era “fomentar el ahorro energético”, la Comisión Nacional de los Mercados y de la Competencia (CNMC), un ente público independiente, admite en su informe sobre la misma que la factura de los 10 millones de usuarios que tenían contratada la discriminación horaria aumentará entre 24 euros y 46 euros al año.”Con la mierda de pensiones que tenemos en este país, los mayores somos pobres energéticos, ya lo éramos antes de este tarifazo y ahora, que nos están diciendo que solo podemos poner un ventilador de 2 a 6 de la tarde y luego, aunque haga 40 grados, hay que quitarlo, lo somos aún más”. Con esta claridad se expresa Paca Blanco, una jubilada de 72 años que vive en el barrio de Adelfas de Madrid junto a su marido enfermo de cáncer.

Tras el derribo de su antiguo edificio, Paca fue realojada en un nuevo bloque construido a escasa distancia.Jorge Paris
“Si ponemos todos la lavadora a media noche, nos vibra el bloque”Activista ecologista durante toda su vida, desde que vivía en Extremadura e inició una “batalla campal” contra la continuidad de la central nuclear de Almaraz, Paca es otro ejemplo de usuario informado que tenía contratada una discriminación horaria que le permitía ahorrar en su factura.Según explican desde la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU): “Los hogares con discriminación horaria tenían de partida una tarifas de acceso inferiores a las tarifas sin discriminación horaria. Al igualarse ahora la tarifa de acceso para todos, los que tenían la discriminación horaria pierden ese beneficio”. Para esta organización, “la idea es que esos hogares que ya se esforzaban en tener un consumo eficiente ahora lo sigan haciendo pero con otras reglas horarias”.

Paca, sin embargo, no ve fácil adaptarse a estas nuevas reglas. “Antes, ponía el ventilador para dormir, ahora, ya me temo que no podré. Para los mayores esto es matarnos”, declara Paca, que ironiza con uno de los consejos más oídos estos días, el de poner la lavadora a partir de la media noche: “Este es un edificio para realojados con paredes de papel. Si ponemos todos la lavadora por la noche el edificio yo creo que puede hasta tener vibraciones y agrietarse, es una locura”.”No lo voy a poder asumir”En 2013, Encarna Contreras, de 61 años, perdió su último empleo. Tras haber trabajado en una fábrica de Philips que echó el cierre y, después, como camarera de piso y haciendo camisas, el cansancio crónico que padecía y que aún no tiene un diagnóstico claro, le obligó a parar. Ahora vive en un piso en Gavá, en la periferia de Barcelona con una pensión de 450 euros y obligada a dormir siempre con una CPAP, un dispositivo que proporciona aire a través de una mascarilla conocido como máquina del sueño y que necesita estar conectado a la electricidad en todo momento.

Encarna sufre padece apneas que le obligan a dormir siempre con una máquina del sueño conectada a la luz.Miquel Taverna
“Duermo con una máquina y eso no lo puedo cambiar”“Decidí, por mi cuenta, dejar de pagar la luz, porque me venían recibos de 200 cada dos meses y era insostenible”, explica Encarna. “Mi salario se iba simplemente por los suministros”.A pesar de haber dejado de pagar sus facturas, Encarna siguió midiendo el gasto, ya que la deuda con la energética aumentaba mes a mes a la espera de una condonación por su situación de vulnerabilidad que llegó en 2020. Adaptó sus rutinas a la discriminación horaria que le recomendaron adoptar desde la APE“Yo tenía la tarifa más económica desde las 10 de la noche hasta la 1 o 2 del mediodía y ahí ponía lavadoras, lavavajillas, cocinaba…”, explica Encarna, que, ahora, considera que tendrá muy difícil poder adaptarse al nuevo horario. “Va a subir la factura y voy a seguir sin poder pagar. Yo voy a cambiar las únicas pautas que puedo cambiar, que es la lavadora los fines de semana, pero no lo voy a poder asumir”.

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