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PANAMÁ ESPERA UN MEJOR FUTURO


Hoy se cumple la cuarta semana de esta columna, iniciativa que emprendimos para aportar algo a este gran país, llamado Panamá, con la plena convicción de que juntos, podremos retomar el camino del cambio, esa época que se convirtió en los mejores años para todos los panameños y los 5 años del Gobierno más prolijo de la República posinvasión.

Quiero agradecer todas las muestras de apoyo y simpatía que me brindan durante nuestros recorridos, no pensé que tan rápido empezáramos a dejar nuestra huella en esta sociedad tan convulsionada. Me han pedido que hable de tantos temas que nos aquejan, pero el común denominador es, “habla de… y compáralo con el periodo de Ricardo para que la gente se dé cuenta que gobernamos mejor…”.

Así que pensé hablar de educación, pero al ver el asesinato de un comisionado de la Policía recientemente por delincuentes, recordé que sin seguridad no se puede vivir en paz, la inseguridad ahuyenta la inversión, sin seguridad nuestros hijos no pueden educarse, sin seguridad no podemos construir ese país que soñamos todos.

Es que la sensación de inseguridad que sentimos a lo largo y ancho del país es la más alta que recuerde por más que el Gobierno insista en hacernos creer que solo es percepción, la realidad es que el panameño de todos los niveles sociales te comenta lo contrario, no sé porque insistir en el temita de la percepción y no aceptar que fracasaron en un tema tan importante como este, y solicitar ayuda a los demás sectores de la política o de la sociedad para buscar una solución integral y general a este flagelo, porque al final todos aspiramos a vivir en un Panamá seguro, donde los asesinatos, los robos y la violencia doméstica vayan en disminución.

Cada día al ver los noticieros nos proyectan asaltos, asesinatos, robos, tal como ocurre en el otrora Valle de la Luna, mi apreciada provincia de Chiriquí, tierra de mujeres bellas y hombres caballerosos y trabajadores, hoy sufre los embates de esta delincuencia motivada por diversos factores, la desintegración familiar y la falta de oportunidades, sumado, claro está, a una sociedad frustrada, harta de promesas incumplidas, forman los ingredientes necesarios de este caldo de cultivo que ha desembocado en una sociedad cansada de verse rodeada de injusticias y barbaridades de un desgobierno sin autoridad moral ni respeto de parte de sus ciudadanos.

Pienso en que tenemos personas capaces de controlar esta situación, entonces recuerdo que este desgobierno, en su afán de venganza y sumir a la clase política en la zozobra, tiene en las cárceles al hombre más capaz en estos temas: Gustavo Pérez. No solo es el hombre más capaz para combatir la delincuencia, sino que además es la persona que contagió de mística y sentido de servicio a esta institución, que hoy atraviesa por problemas graves de mando y jerarquía interna.

Estamos más cerca de que esta pesadilla termine, no me cabe la menor duda que retomaremos los caminos del progreso, y de la buena convivencia, seguro estoy que volverán los tiempos de seguridad, de la educación digna y gratuita, una salud diáfana, una sociedad como debe ser, una sociedad de cambio, ese cambio que construimos un puñado de hombres y mujeres leales a la patria y a una persona que será recordada por siempre como el mejor presidente de Panamá, Ricardo Martinelli, mi amigo. Hoy por esa venganza desmedida y absurda está recluido en una fría y oscura celda, lejos de su amado terruño, acompañado de la soledad, quien como una gran maestra nos enseña que Dios nos puso este amargo trago del encierro como una gran lección: que a la patria no se le ponen condiciones. Sé que pasaremos esta etapa y que muy pronto volveremos a caminar en los zapatos del pueblo, porque el espíritu del cambio vive en todos los rincones de esta noble y bella patria a la que le espera el futuro que se merece.

Hasta el próximo martes y no dejes de soñar, el cambio es posible.

Al final, todos pertenecemos a un solo partido: PANAMÁ




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