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Mike Pompeo, el hombre de confianza de Trump ante la cumbre con Kim


Dos expresiones en el rostro de Mike Pompeo muestran la importancia que alcanzó en las negociaciones con Corea del Norte y en el gobierno de Donald Trump, donde el nuevo secretario de Estado se impuso rápidamente como una de las principales voces.

El 24 de mayo, leyó con el rostro compungido ante un comité del Congreso la carta que Trump acababa de enviar al dirigente norcoreano Kim Jong Un para anular la cumbre para la que el jefe de la diplomacia estadounidense trabajaba con prioridad desde hacía semanas.

Sólo ocho días más tarde, el 1 de junio, cambio de ambiente: amplia sonrisa para acompañar a su homólogo norcoreano Kim Yong Chol a su automóvil, luego de que visitara la Casa Blanca, y para escuchar a Trump anunciar ante los medios que el histórico encuentro del 12 de junio en Singapur finalmente se realizará.

Entre una escena y la otra, el excongresista de Kansas y exjefe de la CIA, de 54 años, había trabajado para recoger los pedazos y reorganizar la reunión, especialmente durante dos días de conversaciones con la mano derecha de Kim Jong Un.

“Pompeo está muy empeñado en que se haga la cumbre, aunque por el momento la forma parezca prevalecer sobre el fondo”, estimó Mark Fitzpatrick, del International Institute for Strategic Studies. “Veremos rápidamente si esta estrategia da frutos”, dijo a la AFP, sin ocultar sus dudas sobre la “visión geoestratégica” del diplomático.

Este fino político, al que se atribuyen altas ambiciones, conoce la importancia de las imágenes y de la comunicación, contrariamente a su predecesor despedido en marzo, Rex Tillerson, proveniente del sector privado, y que huía de las cámaras y era poco sofisticado en sus declaraciones.

De sus reuniones con Kim Yong Chol en un apartamento del piso 39 de una torre de Manhattan, Pompeo hizo difundir fotos en las que muestra el paisaje neoyorquino al emisario norcoreano, que parece muy pequeño junto a este hombre de fuerte complexión. “Incluso la Estatua de la Libertad” le enseñó, tuiteó su portavoz Heather Nauert. Todo un símbolo para el régimen acusado por Washington de ser enemigo de la libertad.

El secretario de Estado viajó dos veces a Pyongyang en la primavera boreal -la primera como director de la CIA. En consecuencia, es el más alto funcionario estadounidense que se haya reunido con Kim Jong Un, antes de la cumbre con Trump.

Por lo tanto, es él -al menos en parte- quien detenta la llave de esta cumbre crucial: ¿Corea del Norte está realmente dispuesta a abandonar sus armas nucleares, de manera “completa, verificable e irreversible”, como ha pedido Washington?.

Su presencia en la reunión de Singapur junto al multimillonario republicano, a quien la prensa estadounidense y la oposición consideran poco preparado sobre el tema, tranquiliza en todo caso a la clase política.

“Tengo mucha más confianza en la preparación de Mike Pompeo para esta reunión que en la preparación de Donald Trump para cualquier reunión”, declaró a la AFP el congresista demócrata Mark Warner, vicepresidente del Comité de inteligencia del Senado.

El senador republicano Ron Johnson subrayó también que Pompeo ha “ganado la confianza del presidente, lo que es importante para hacer avanzar las negociaciones”.

La diferencia es como el día y la noche entre Pompeo, que muestra ostensiblemente su afinidad con Trump, y Tillerson, cuyos desacuerdos con el presidente eran notorios.

También dentro del Departamento de Estado, afectado por la gestión de su predecesor, este hombre de apariencia jovial y humilde “hizo todo lo necesario para presentarse como anti-Tillerson con el objetivo de movilizar a las tropas”, aseguró Fitzpatrick.

En la preparación de la cumbre, el jefe de la diplomacia, un halcón que flirteaba hasta hace poco con la tentación de la línea dura y de un cambio de régimen en Pyongyang, supo convertirse en diplomático y suplantar al consejero presidencial para la seguridad nacional John Bolton, la bestia negra de Corea del Norte y al que considera un belicoso.

A tal punto que algunos observadores se inquietan: ¿su proximidad con este presidente tan imprevisible le permitirá poner las negociaciones en buen camino, si es verdad, como dice el senador Warner, que Trump “busca solamente una linda foto”?




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