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“Hemos sido elegidos democráticamente, no a golpe de discográfica”


Izal, durante la entrevista
JORGE PARÍS


En ocho años de carrera, los componentes de la banda que se ha hecho un hueco tan enorme como su esfuerzo, Izal, han logrado llenar hasta el Palacio de Deportes.

Su último disco, el recién publicado Autoterapia araña aún más que los anteriores. Arañazos de los buenos. Muy a tono con el título del álbum. Catarsis y arte.

¿Cuánto hay da autoterapia en este trabajo? ¿Cuánto les ha servido?
A los cinco Izales nos ha salvado un poco la vida la música. Siempre ha sido muy terapéutica.

¿En todos los sentidos o en alguno especialmente?
Para empezar nos ha permitido dedicarnos a lo que nos apasiona y eso siempre es una fuente de felicidad. Es muy importante levantarte sabiendo que haces aquello para lo que has nacido en vez de tener que hacer otra cosa.

Ojalá fuera siempre así, más de media vida se va en el trabajo.
Es vital no tener que dedicar tanto tiempo a un trabajo que no te llena. En nuestro caso es placer, casi siempre.

¿Y a ello rinden tributo en este álbum?
Autoterapia rinde homenaje a todo lo que nos ha pasado en los últimos años de manera profesional y a nivel más personal también. Pero sí que es verdad que si bien siempre ha sido introspectivo nuestro trabajo, esta vez se ha acentuado.

¿Madurez?
Quizá ha llegado una época en la que personalmente he podido ver con más objetividad todo lo que me había pasado antes. No solo en la música sino a nivel personal. Está escrito desde algo más de calma.

¿Por qué?
Porque ha sido escrito después de que le pasaran muchas cosas al grupo y también a nivel personal, en nuestras vidas. Nada grave pero vivencias de las que he hablado más en primera persona que nunca. La primera persona domina más el disco que en los anteriores.

¿Es por ello que cuesta más salir indemne de la escucha que de los pasados?
Te iba a decir que eso es lo que se intenta, pero no es así. Se trata de ser honesto con uno y hacer lo que te sale de dentro a todos los niveles: compositivo, musical.

¿Duele?
No, lo que escribo me sale como respirar.

¿No toca de verdad teclas de esas que todos tenemos escondidas?
Toca teclas que seguramente no sabíamos que iba a tocar. De la fuente original a los receptores hay un cambio inexplicable. Muchos nos escriben contándonos su visión y lo que les remueve y no tiene nada que ver con la semilla original. Oye, tú has sufrido mucho escuchándonos, ¿eh?

Bueno, a lo mejor un poco.
Pues lo sentimos muchísimo (risas).

Pero si no es malo…
Y la gente lo ha demostrado siguiéndolos de ese modo. No vamos a ser todos tontos… No, la gente no es tonta, tiene mayor o menor acceso a información y contenidos. Todo cambió con las redes sociales e internet. Un grupo como el nuestro era impensable que triunfara hace 20 años.

¿Seguro?
Es que el escaparate era para unos pocos elegidos por la industria musical. Y no es que esté mal la industria musical, es que tenían el acceso, y solo salían los grupos que ellos elegían. Ahora elige el público: nosotros somos un ejemplo de crecimiento puramente de boca a oído. No tuvimos ninguna herramienta más.

¿Orgullosos?
Ahora el público tiene más fuerza que nunca y estamos orgullosos de haber crecido en esta época. Hemos sido elegidos democráticamente y no a golpe de selección de discográfica. Es más enriquecedor ser escogido, y asistir flipado a tu crecimiento.

¿Tanto les sorprendió?
Hemos confiado en nuestro trabajo desde el primer momento. Si no, no estaríamos aquí. En ocho años de carrera, cuatro han sido muy complicados, penosos, invisibles para la gente.

Cuatro años en un garaje…
Sí, muchos creen que hemos nacido en el Palacio de los Deportes y no es así, estábamos en un garaje. Venimos de menos diez no de cero, venimos de poner pasta para tocar. Nos ha salvado la reacción de la gente. Si había quince personas escuchándonos, doce compraban el disco, y eso nos hacía seguir.

¿Alguna canción clave?
Sobre todo noches especiales. Canciones especiales fueron todas las del primer disco, que eran pura ilusión. Desde Qué bien, que la gente la hizo suya enseguida hasta La mujer de verde, grabada en Joy Eslava. Era la primera vez que podíamos meter 700 personas, algo impensable medio año antes. Por eso el videoclip grabado allí es tan especial.

Para la gente también.
Sí, se ve en el vídeo la expresión de la gente, era una explosión que no imaginábamos. Para nosotros era ya lo máximo llenar Joy.

¿Lo mejor y lo peor de estos años?
No hay nada amargo, ni siquiera cuando tocábamos en sitios muy pequeños. Lo único cuando nos robaban instrumentos. Pero nunca tuvimos un punto bajo, siempre estuvimos mirando hacia delante. Parezco un director técnico de fútbol pero es que es verdad. Siempre miramos hacia delante. Jamás miramos atrás.

¿Qué canción de este trabajo le dedicarían a quien lo esté pasando mal?
La canción que puede venir bien a mucha gente con la que está cayendo es El Pozo. Hay movimientos y presiones para meter en el pozo a la mayoría y ensalzar a la minoría. Pues a ver si esa mayoría recibe un pequeño empujón y saca un poco las uñas y afronta la vida mejor. Hay que coger el toro por los cuernos. Y hay que hacerlo cada cuatro años.

¿En las urnas?
Exacto, en las urnas. Es el arma que nos ha dado la democracia. El sistema que tenemos está bastante bien, pero primero si se gestiona bien y segundo si la ciudadanía lo gestiona bien también. La ciudadanía ha de ser crítica y hacer algo: depositar el voto en la urna.



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